La agricultura de conservación, también conocida como agricultura regenerativa o conservacionista, es un enfoque de manejo agrícola que busca minimizar la perturbación del suelo, promover la salud del ecosistema y mejorar la sostenibilidad a largo plazo.
Principios de la agricultura de conservación
Se basa en cuatro principios fundamentales: la no labranza, la cobertura del suelo, la diversificación de cultivos y el control con sondas del subsuelo.
Uno de los principales aspectos de la agricultura de conservación es evitar o minimizar la labranza del suelo.

Esto se consigue con:
- Mínima disturbación del suelo: Evita la labranza profunda o la perturbación excesiva del suelo. Esto ayuda a preservar la estructura del suelo y reduce la erosión.
- Cubierta vegetal: Se promueve el uso de cultivos de cobertura, como el trébol, el centeno u otros cultivos, para mantener una cobertura constante en el suelo incluso cuando no se cultiva el cultivo principal. Esto ayuda a proteger el suelo de la erosión y mejora la materia orgánica. Muy útil para frutales con un buen enraízado, olivos, almedros, pistachos…
- Residuos de cultivos: Se dejan en el campo en lugar de eliminarlos. Estos residuos proporcionan materia orgánica al suelo y lo protegen de la erosión.
En la imagen, olivos intensivos con maleza y sensores de humedad y conductividad enterrados, para que no molesten a las máquinas que controlan el olivar, tanto para poda como para recolectar la aceituna.
Otras recomendaciones de la agricultura de conservación
- Rotación de cultivos: Se reduce la acumulación de plagas y enfermedades, mejorar la fertilidad del suelo y aumentar la diversidad de cultivos.
- Siembra directa: Las semillas se colocan en el suelo sin arar previamente. Se utilizan equipos especiales para abrir pequeñas ranuras en el suelo y depositar las semillas.
- Se reduce el uso de químicos: La agricultura de no labranza a menudo reduce la necesidad de pesticidas y fertilizantes, ya que la materia orgánica y los residuos de cultivos ayudan a mejorar la salud del suelo y la retención de nutrientes.
- Recomendable la instalación de sondas agrícolas para control de humedad y conductividad. También de la temperatura del suelo que influye en los procesos fenológicos de los cultivos.

Los beneficios de la agricultura de conservación
- La conservación del suelo. Se reduce la erosión y mejora la estructura del suelo.
- Reducción de la erosión. Se evita la degradación y es más fértil a largo plazo.
- Mejora de la estructura del suelo.
- Conservación de la biodiversidad. Mejoran las especies vegetales y animales.
- Reducción de la huella de carbono de la agricultura.
- Se ahorra agua, el suelo tiene menos evaporación. Si además controlamos la humedad con sensores, podemos disminuir el consumo de agua y energía, a la vez que a la planta le evitamos el estrés hídrico.
- Se reducen los combustibles y los fertilizantes.
- Resiliencia al cambio climático: Los sistemas agrícolas basados en la conservación del suelo son más resistentes a eventos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, y pueden ayudar a mitigar los efectos del cambio climático al capturar y almacenar carbono en el suelo.
- Rentabilidad a largo plazo: Aunque la transición a la agricultura de conservación puede requerir inversiones iniciales, a largo plazo puede resultar en una mayor rentabilidad debido a la reducción de costos y el aumento de la productividad del suelo.
Sin embargo, también presenta desafíos, como la gestión de malezas y plagas de manera más sostenible y la adaptación a nuevas prácticas agrícolas
Además, la agricultura de conservación es un enfoque que busca integrar la producción agrícola con la conservación de los recursos naturales, promoviendo la sostenibilidad y la salud de los ecosistemas agrícolas.

Fuentes: